27 de agosto de 2025
El índice que elabora JP Morgan, que mide el diferencial de tasas entre bonos argentinos y los del Tesoro de EE.UU., trepó a 829 puntos básicos. Es casi un retorno al nivel previo a las medidas anunciadas en abril -cuando se levantó parcialmente el cepo cambiario y se cerró un acuerdo por 20.000 millones de dólares con el FMI-, que habían generado un moderado alivio en el indicador.
Ese acuerdo y el fin del cepo habían permitido al riesgo país descender desde máximos de hasta 978 puntos hasta ubicarse en 655 en mayo. Sin embargo, el repunte abrupto a más de 800 vuelve a traer a la mesa una vieja pregunta: ¿es sostenible el sendero de recuperación sin condiciones externas más estables o sin un replanteo interno más estructural?
La escalada del índice fue alimentada por caídas agresivas en los bonos soberanos, que registraron retrocesos de hasta un 10 % en dólares, y por fuertes ventas en el mercado accionario doméstico -donde el Merval cayó entre un 4 % en pesos y un 6 % en dólares.
Esta volatilidad refleja una pérdida de confianza en el escenario político y económico. A esto se suma la decisión del Banco Central de elevar los encajes bancarios, una medida que contiene la divisa pero restringe el crédito en pesos y tensiona la operatividad financiera.
Este revés borra parte del alivio que se había logrado en abril y pone en duda la sostenibilidad de un modelo que aún se apoya en recursos del FMI para domar la volatilidad.
La suba del riesgo país no es solo una cifra alarmante; tiene efectos concretos. Con niveles que superan los 800 puntos, Argentina enfrenta un encarecimiento notable para acceder a los mercados internacionales, o directamente una exclusión del financiamiento externo.
El objetivo -reducir el indicador a una zona de entre 300 y 400 puntos- parece lejano sin un clima de estabilidad política, previsibilidad macroeconómica y sostenimiento de reservas.
Aunque el país ya superó una primera evaluación con el FMI y recibió 2.000 millones de dólares de desembolso adicional, el margen de maniobra es aún estrecho, y cualquier nueva sacudida de credibilidad puede revertir rápidamente la tendencia.
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