18 de junio de 2026
por
Redacción Induar
La situación del sector de la yerba mate volvió a encender señales de alarma en Misiones y parte de Corrientes, donde productores, cooperativas y representantes rurales denuncian un deterioro acelerado de las condiciones económicas de la actividad.
El foco de la discusión aparece sobre los efectos de la desregulación del mercado yerbatero implementada por el Gobierno nacional y los cambios aplicados sobre el funcionamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Según productores y estudios sectoriales, la pérdida de herramientas para intervenir en precios y ordenar la actividad habría trasladado mayor poder de negociación hacia los actores más concentrados de la cadena.
Uno de los principales reclamos del sector apunta al valor que reciben los productores por la hoja verde.
Distintos informes sostienen que los precios pagados actualmente quedaron por debajo del aumento de costos acumulados, reduciendo significativamente la rentabilidad de miles de explotaciones rurales.
Productores yerbateros afirman que muchos establecimientos comenzaron a disminuir inversiones, reducir tareas de mantenimiento e incluso suspender cosechas por falta de sustentabilidad económica.
Según referentes del sector, el escenario afecta especialmente a pequeños y medianos productores que dependen casi exclusivamente del mercado interno.
Uno de los puntos más cuestionados por entidades productivas es el riesgo de una mayor concentración del mercado yerbatero.
Especialistas sostienen que cuando desaparecen mecanismos de equilibrio dentro de cadenas altamente concentradas, los productores primarios pierden capacidad para negociar precios y condiciones comerciales.
El debate se intensificó porque la yerba mate no es solamente una actividad agroindustrial: también representa una fuente central de empleo e ingresos para miles de familias del noreste argentino.
La actividad yerbatera tiene un peso estratégico dentro de las economías regionales.
Además de productores y cooperativas, involucra:
Por eso, cualquier modificación en el funcionamiento del sector impacta sobre múltiples localidades vinculadas directa o indirectamente a la actividad.
La crisis volvió a abrir una discusión más amplia sobre cuál debe ser el nivel de intervención estatal dentro de sectores estratégicos.
Mientras el Gobierno defiende la desregulación como una herramienta para generar mayor competencia y eficiencia, productores sostienen que sin mecanismos de equilibrio las actividades con alta concentración terminan perjudicando al eslabón más débil de la cadena.
Para gran parte del sector, el desafío ya no pasa solamente por producir más.
La preocupación hoy es otra: que siga habiendo productores capaces de continuar produciendo.
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