13 de enero de 2026
La petroquímica es uno de los pilares de la industria argentina, por su rol como proveedora de insumos esenciales para sectores como energía, plásticos, automotriz, construcción, agroindustria y consumo masivo. Sin embargo, en los últimos meses el sector mostró un derrumbe generalizado que pone en evidencia la profundidad de la crisis industrial.
Los indicadores más recientes reflejan una caída simultánea de la producción, las ventas locales y las exportaciones, una combinación que genera un fuerte impacto económico y operativo sobre las plantas productivas.
Uno de los datos más preocupantes es la reducción del nivel de producción, que llevó a una menor utilización de la capacidad instalada en complejos petroquímicos de todo el país. En algunos segmentos, la actividad opera muy por debajo de los niveles históricos, obligando a ajustar turnos, paralizar líneas y reducir volúmenes.
La baja producción responde, en gran parte, a la retracción de la demanda interna, pero también a dificultades para sostener la competitividad frente a productos importados y a mercados externos cada vez más exigentes.
El mercado interno mostró una caída significativa de las ventas, producto de la recesión económica y la menor actividad industrial. Sectores demandantes de insumos petroquímicos redujeron su producción, afectando de manera directa la colocación de productos como plásticos, resinas, fertilizantes, químicos básicos y derivados.
La pérdida de volumen vendido impacta de lleno en la rentabilidad de las empresas, que deben afrontar altos costos fijos en un contexto de menor facturación.
A la debilidad del mercado interno se suma un retroceso de las exportaciones, uno de los factores que históricamente permitió amortiguar las crisis locales. La caída de envíos al exterior responde a varios factores:
Precios internacionales más competitivos de otros productores.
Costos internos elevados que afectan la competitividad.
Dificultades logísticas y comerciales.
Menor demanda global en algunos productos.
La pérdida de mercados externos no solo reduce el ingreso de divisas, sino que también debilita el posicionamiento internacional de la industria petroquímica argentina.
Uno de los ejes centrales de la crisis es el aumento de los costos, especialmente en energía, insumos, financiamiento y logística. Para una industria intensiva en consumo energético, las subas tarifarias y la volatilidad de precios impactan de manera directa en la estructura de costos.
Además, la falta de competitividad sistémica dificulta competir con países que cuentan con energía más barata, economías de escala y políticas industriales activas.
El derrumbe del sector petroquímico tiene consecuencias directas sobre el empleo calificado y sobre una extensa cadena de valor industrial. La reducción de actividad incrementa el riesgo de suspensiones, despidos y pérdida de capacidades productivas estratégicas.
Proveedores de servicios, logística, mantenimiento y transporte también se ven afectados por la menor actividad de las plantas, amplificando el impacto económico en regiones industriales.
La falta de integración entre el desarrollo energético y la industria petroquímica limita la posibilidad de generar productos de mayor valor, exportaciones industriales y empleo.
Las perspectivas de corto plazo continúan siendo complejas. La recuperación del sector dependerá de:
Reactivación del mercado interno.
Mejora de la competitividad de costos.
Acceso a energía a precios competitivos.
Políticas que incentiven la industrialización de los recursos energéticos.
Estabilidad macroeconómica y previsibilidad regulatoria.
Sin avances en estos frentes, el riesgo es una profundización del proceso de deterioro.
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