5 de enero de 2026
La industria textil atraviesa un escenario crítico marcado por una fuerte contracción productiva. En los últimos meses, la actividad registró una caída de aproximadamente 40%, ubicándose en niveles históricamente bajos. El desplome afecta tanto a grandes plantas industriales como a pequeñas y medianas empresas, que enfrentan dificultades crecientes para sostener operaciones.
La caída de la producción se tradujo en una menor utilización de la capacidad instalada, cierres temporales de líneas de fabricación y reducción de turnos. En algunos casos, las empresas optaron por paralizar totalmente la actividad ante la imposibilidad de cubrir costos operativos.
Uno de los efectos más visibles de la crisis es la pérdida de empleo. El sector ya registra la salida de más de 16.000 trabajadores, una cifra significativa para una actividad caracterizada por su alta demanda de mano de obra.
Los despidos y suspensiones se concentran en distintas etapas de la cadena textil, desde hilanderías y tejedurías hasta confección y comercialización. Esta situación tiene un impacto directo en economías regionales donde la actividad textil es una de las principales fuentes de empleo formal.
La pérdida de poder adquisitivo y la retracción del mercado interno redujeron de manera significativa la demanda de indumentaria y productos textiles.
Los incrementos en energía, insumos, logística, financiamiento y costos laborales afectaron la rentabilidad de las empresas, muchas de las cuales operan con márgenes ajustados.
El ingreso de productos importados a precios competitivos intensificó la competencia en el mercado local, dificultando la colocación de la producción nacional.
La incertidumbre macroeconómica y los cambios en reglas de juego complican la planificación y la toma de decisiones de inversión.
La crisis no se limita a un eslabón puntual, sino que atraviesa toda la cadena de valor textil. Proveedores de fibras, talleres de confección, empresas de logística y comercios minoristas también se ven afectados por la menor actividad.
La reducción del volumen de producción genera un efecto en cascada que impacta en proveedores y contratistas, amplificando el deterioro económico del sector.
El ajuste del empleo textil tiene consecuencias sociales relevantes. En muchas localidades, la industria textil es un pilar del empleo industrial, por lo que la pérdida de puestos de trabajo incrementa la vulnerabilidad social y presiona sobre los sistemas de asistencia.
Además, el cierre o achicamiento de plantas industriales debilita el entramado productivo regional y reduce la capacidad de recuperación futura.
Especialistas y referentes del sector coinciden en que revertir la crisis requerirá una estrategia integral que incluya:
Recuperación del consumo interno.
Reducción de costos productivos.
Mejora de la competitividad sistémica.
Acceso al financiamiento.
Políticas que promuevan la producción y el empleo formal.
Sin un entorno que favorezca la actividad, la crisis podría profundizarse y extenderse a lo largo del tiempo.
Las perspectivas para los próximos meses continúan siendo inciertas. Si bien algunas empresas esperan una leve recomposición de la demanda, la mayoría advierte que el nivel de actividad seguirá deprimido mientras no se recuperen el consumo y la rentabilidad.
La capacidad de sostener empleo y producción dependerá de la evolución de la economía en su conjunto y de las medidas que se adopten para contener el impacto en uno de los sectores industriales más sensibles.
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